lunes, 31 de agosto de 2015

CONSPIRACIÓN EN SANTA BÁRBARA CENTRAL (III)

El misterio ha sido resuelto: la casera es imbécil perdida. Fin del misterio. Pero, como en las mejores historias, la cosa ha dado un giro inesperado al final.
La fundadora y presidenta del Club de Señoras Mayores Y Ubicuas Dispuestas A Morir Antes Que Ser Amables y A Aparecer De Entre Las Sombras A Las Dos De La Mañana Para Ver Si Te Mueres Del Susto nos dijo el viernes que teníamos que largarnos el domingo. Resulta que como nosotros no teníamos decidido que hacer, si quedarnos en esa casa epicentro del mal, aunque barata y cómoda, o irnos, ella ha decidido por nosotros. La ha alquilado estando nosotros dentro. Muuuuy bien. Cojonudo. Así se hace. Porque paso de conflictos que si no me encadeno a su sobaco, con tal de no irme.
Positivismo: una forma de vida. 


En realidad, es una buena noticia después de enterarnos de que mis sospechas era ciertas. A parte de ser más amargante que un zumo de césped, es una mentirosa patológica. Mintió a su hijo (el operativo, no el desgraciado que no sabía como se hacía un hervido) para echar a nuestros amigos diciéndole que la habían amenazo con un arma. Es de locos. Yo estaba en mi habitación y empecé a oír gritos. Estaban discutiendo la pareja y la casera, también conocida como Baal, Beelzebú, Azazel, Balaam, Satán, Satanás, Lucifer, el adversario, el trolas, la bestia, o doña María, pero creí que era su tono de siempre para indicar que no dejáramos migas en la cocina, no vaya a tener que trabajar un poco, como si estuviera cobrando unos 10.000.000 de pesos al mes, que es, peso arriba, peso abajo, lo que gana de tener un hotel en la sombra. Menuda zorra, joder. Lo siento, pero es así. Vale que tengamos que mantener una limpieza en las zonas comunes, cosa que hacemos (menuda es Carla para eso), pero es que la tipeja quiere cobrar y no tener ni una obligación.  Hay dos tenedores en toda la casa, una nevera pequeña y un sinfín de historias que no deberían ser así. Si cobras una media de 300 euros por habitación y somos catorce inquilinos,  TE ESTÁS FORRANDO, así que tienes que tener ciertas responsabilidades y saber que alguna cosa mala tiene que tener el negocio. Ella no. NO COMPRA NI UN PUTO TENEDOR. Ella sólo quiere cobrar y desparramar su energía negra del inframundo por doquier.  ¿Por dónde iba? Ah si, decía que creía oír uno de sus negros discursos en torno a una miga sin recoger, pero no, estaba echando de la casa a mis amigos. En el momento. Y claro,  se mosquearon un poquillo. Más que nada porque la casera parece que desayune megáfonos y si está enfadada en ese momento (lo que es probable al 99%) parece un orco mal follado. Lo cual pone nervioso a cualquiera. De hecho, el budismo no existiría si en su día esa señora se hubiera encontrado con Siddharta Gautama. En circunstancias normales un santo tendría ganas de abrirle la cabeza.
Total, no sólo impidió que ensayáramos dentro de casa, sino que nos cortó los ensayos, así, en general.  Es lo que pasa cuando alguien se traslada a vivir más lejos que la Voyager I. Quise hacer una foto a la señora, o lo que demonios sea, antes de despedirme, pero deseché la idea, temeroso de joder la cámara o, lo que es peor, descubrir que no aparece en ningún soporte de grabación de imágenes.
No estoy yo para cazar seres del ultramundo.
Antes de que se me olvide: Alguien tiene que sacar ya un programa para que los músicos puedan ensayar en tiempo real en lugares distintos. Se forra.
Pero no todo son malas noticias. Gracias a la señora María  hemos venido a vivir unos días, hasta que consigamos algo estable, a un hostal a la candelaria, el barrio bohemio de la ciudad y epicentro cultural de toda latinoamérica.  Hemos tenido, además, la suerte de llegar justo cuando se celebraba un festival internacional de teatro de calle. Marionetas, circo, malabares, danza... de todo. Gente por la calle formando corros para ver las diversas actuaciones, cientos de olores de cientos de puestos de comida y bebida, grupos alternativos al festival haciendo sus historias punkis. En fin, una delicia. Este barrio es la leche. Ya no sólo es la arquitectura, casas bajas coloniales con balcones de maderas nobles, o las vistas al cerro atravesado por la niebla. Es la gente. No sé con cuantas personas he hablado ya de mil cosas distintas.



Raperos improvisando en esquinas, violonchelistas en calles estrechas y empedradas. Vendedores de humo dispuestos a cazar al turista incauto.
INCISO
 El único pero son los vagabundos, aunque no hay tantos en la candelaria, hasta llegar al barrio tienes que pasar por el centro, un lugar atestado de ellos. No por nada, no son agresivos, pero dan mal rollo. De verdad. No es como el vagabundo en España, borrachete y sucio que puede llegar a hacerte pensar un rato sobre lo mal que está el mundo y bla, bla, bla. Es otra cosa. La verdad es que no sé como explicar lo que se siente cuando se ve a gente así.  Los vagabundos de Bogotá son los seres humanos en peor estado que he visto nunca, en todos mis viajes, India incluida. Deben de tener todos un sistema inmunoilógico brutal. Porque no es lógico que sobrevivan a tanta mierda como llevan encima. No recuerdo un sitio en el que haya personas que puedan llegar a tal nivel de degradación sin morir.  Ayer, mientras esperábamos un bus en la 19, un ser humano decrépito se bajó los pantalones y se puso a defecar en una mediana, entre dos calzadas de cuatro carriles, impasible, ajeno a todo sentimiento de vergüenza. Cuando terminó se subió los pantalones y ale, a seguir con lo que estuviera haciendo.
FIN DEL INCISO.
Volvamos a la candelaria, que es más rechévere.
Probamos, mientras veíamos a unas personas bailar con zancos, la chicha: una bebida alcohólica resultante de la fermentación del maíz que tiene un sabor como de cerveza dulce. Lástima que vimos sólo la última parte del festival, porque tenía ganas de seguir bebiendo chicha y alcanzar la dicha, pero era la última actuación del festival y además, domingo noche. Así que había que llevar las emociones al hostal y saborearlas, cosas que está muy bien también, oye.

El hostal Fátima es el típico hostal de mochileros, lleno de paredes con publicidad de viajes de aventura, garitos varios, y clases de yoga



El edificio tiene dos grandes patios interiores llenos de plantas y gente en chanclas descansando.



Unos escriben en sus libros de viaje, otros conversan con un cigarro en la mano. El sitio es un crisol de nacionalidades. Anoche, mientras hacíamos la cena en la cocina comunitaria, estuve hablando un rato con una chica de Israel y cuando le conté que había sido conductor de una furgoneta en la que viajaban los Balcan Beat Box no se lo podía creer. Era una fan acérrima. Es eso lo que me gusta de los hostales. Son un vivero de nuevas amistades. Y de información acerca del país donde te encuentres. Si tienen desayuno incluido en el precio y tienes vista y un poco de jeta, puedes sacar comida para el resto del día. No todos los días, claro. Pero hoy, por ejemplo, no pienso gastarme un peso en comida. He cogido fruta para dos destacamentos del ejército de piñas, cuatro sanduches (sandwich en colombiano) y siete u ocho raciones de mantequilla y mermelada. Con eso, en caso de que no tuviera pasta, paso el día.  Trucos del viajero sin dinero, que pasa.




Nuestra habitación súper cuca chachi piruli. (17 leuros, dos personas. Un potosí, eso sí).


¿Y que pasó al final de la tarde? ¿Que pasó un momento antes de volver al hostal? Pues que apareció el músico cuyo arte escuché en el transmilenio. Quien siga el blog, sabe de qué hablo.
Y es raro, porque, insisto, esta ciudad tiene entre ocho y doce millones de habitantes. Ese hombre ha hecho que esté escribiendo un relato acerca de la envidia, ha hecho que pase horas escribiendo sobre él, pensando en él. Y él no tiene ni puta idea. Pensé en hacerme una foto para que la vierais, pero hubiera roto el misterio. En lugar de eso grabé un vídeo. Es por la noche y en Bogotá no tienen la obsesión freudiana de Rita con las farolas, así que la calidad del vídeo es bastante pobre. Aún así se puede oír como canta.

Señoras y señores, con todos ustedes, la voz de Bogotá cantando una cumbia. (Pido disculpas por la chica de las palmas a la que habría que matar o regalar una clase básica de percusión).


¡Colabora!

martes, 25 de agosto de 2015

¡ESTRENADAS!


CONSPIRACIÓN EN SANTA BÁRBARA CENTRAL. CAPÍTULO II.

El otro día dije que iba a investigar sobre quién o quienes se habían quejado acerca de mis ensayos, consiguiendo el veto de estos en la casa. He estado atando cabos. Averiguar no he averiguado una mierda, pero ahora sé hacer unos nudos cojonudos. Vale, es un chiste-delito, pero estoy innovando en este género tan de moda que es el género negro y he querido rebajar la tensión antes de que apareciera. Nadie lo ha hecho todavía, que yo sepa. Hay que luchar por salir de frases echas y lugares comunes, que luego nos pilla el toro y no hay mal que por bien no venga.

Ahora en serio. He aquí un fragmento de mi diario, con unos procedimientos deductivos asombrosos.

                                                           La casa y su ominosa entrada.

22/08/2015 

He estado hablando con los habitantes de la casa y he averiguado algunas cosas. Por ejemplo, todos trabajan a la hora que yo ensayo, excepto cuatro personas. 
Seis personas viven en el piso de arriba, así que pasan a ser directamente sospechosas. Puede que, de esas seis, alguien no fuera a trabajar el día que alcanzamos aquellas maravillosas armonías suahilis a 180 decibelios. Tendré que investigar este punto.
Cinco personas viven en el piso de abajo, aunque en una ala de la casa bastante alejada. Una de ellas es una rancia, así que pasa a ser también directamente sospechosa. Por rancia. A los rancios les molesta la música, incluso bajita. Sospechosa. 

¿Mi colega el músico? Descartado. De hecho, me está ayudando con la investigación. Su novia, imposible, me cae muy bien, así que descartada. Directamente.

El hijo de la casera y su novia tienen que estar sangrando por los oídos ahora mismo por como ponen el techno, así que, en principio, los descarto también. Por otra parte, él es un mimado consentido que no me extrañaría que hubiera dicho: ¡Mamaaaaaa! ¡La guitarraaaaa! ¡Que se acabe! ¡Quiero que se acabe ya, jopetas! Pero están en la otra punta de la casa, en otro piso y se encierra en su mundo de sonido sin igual.  Así que...¿Sospechoso? No lo creo. ¿Inocente? Nunca completamente. Lo dejaré en la columna de tontainas y ya está. 

Joder. Es muy fácil ser detective. Sigamos.

Mi vecino, el del cuarto de al lado, el tipo que cantaría en la ducha aunque saliera ácido sulfúrico  hirviendo de la alcachofa, se ha quedado sin curro y se está levantando tarde. Yo empezaba a las diez a ensayar. Le oigo hasta los pedos a través de las paredes. No es muy difícil suponer que a la inversa suceda algo parecido con la música. Puede que se haya quejado él. Pero sólo puede. En el fondo me da buen karma, por como saluda y una conversación que tuvimos al principio. Además,lo escuché vomitar un domingo de mañaneo, cosa que lo convierte en alguien normal y, seguramente, amante de la música. Como se suele decir, un sonido que inspira confianza. Así que no sé. No creo que fuera él.
En cambio, he averiguado que la casera es una mentirosilla. A parte de transmitir una energía que va mustiando las plantas por donde pasa, la señora es un poco trolas.  Me manda mensajes con contenido altamente verificable, como supuestas reglas de la casa que jamás han existido hasta que yo llegué. 
Torpe mentirosa. Hay que ser inteligente para ser un supervillano.  Además, me ha dicho que a ella no le molesta el ensayo, que se han QUEJADO TODOS y ella es, simplemente, una mensajera. Conociéndola como la voy conociendo, a mi eso me huele a chamusquina. Me huele muy mal. A culo de nutria, me huele.  Yo diría que le molesto a ella sola y le echa la culpa a los demás que, o están trabajando cuando ensayo, o en el ala oeste de esta casa tan negra.  Incluso  podría haber ido extendiendo la sombra de la discordia entre los habitantes para ponerlos en nuestra contra.  Me miran raro y sólo saludan cuando no tienen escapatoria. ¿Paranoico? Puede, pero ser paranoico no significa que no te estén mirando mal. 
También puede que cante fatal, de cárcel, y las canciones sean  horribles y que toque la guitarra como lo haría una mezcla de Freddy Krueguer y Eduardo Manostijeras, pero entonces un músico profesional como es mi socio en esta investigación no insistiría en ensayar y tocar por ahí cuanto antes. Además, yo molo (disculpad, hay que creérselo) mil.  Cantando soy una mezcla entre Jeff Buckley resfriado y un cagallón humeante de cinco kilos. Y por fin estoy aprendiendo a valorar la mezcla como se merece. 
Ahora me falta por investigar al matrimonio mayor colombiano y a otro colombiano tan solitario y silencioso que si no lo estoy viendo en tiempo real se me olvida. 



Posdata: Tengo miedo. Hoy he decidido grabar con cámara oculta algunos comportamientos de los habitantes de la casa. Quiero ver si, analizando las imágenes a posteriori, saco algunas conclusiones. Espero que no me descubran.



¡¡Colabora con la investigación!!




lunes, 24 de agosto de 2015

EXPLORADORES MÍTICOS DE LA HISTORIA. SIR ERNEST SHAKELTON. (II)

Shakelton decidió embarcar comida para cuatro semanas, consciente de que si no habían llegado a tierra firme en ese tiempo, el barco se habría perdido.
El viento les era favorable pero el mar estaba siendo un campo de batalla. Mar gruesa todo el tiempo. Agua glaciar. Nada de instrumentos digitales de navegación. Tan sólo un sextante metálico, salpicado de agua salada, cuyas partes móviles se encontraban permanentemente congeladas. Eso y las estrellas apareciendo y desapareciendo tras montañas de agua furiosas y cambiantes que  entraban en la barca sin permiso y sin piedad alguna, para congelarse en los ropajes y en la madera crujiente. Tratad de imaginarlo. La barca guiada por un navegante en las condiciones más extremas, con temperaturas de hasta treinta grados bajo cero. El cinco de mayo un vendaval del noreste casi destruye por completo la barca. Shakelton describiría después las olas como "las olas mayores que había visto en veintiséis años en la mar".  Después de catorce días luchando contra los elementos y gracias a la navegación de Worsley, los héroes que viajaban en aquel barco divisaron Georgia del Sur estando ya al límite de su resistencia.  Pues bien, aún tuvieron que luchar dos días contra un huracán hasta que pudieron llegar a la bahía del Rey Haakon


-¡Os lo dije! ¡Una vegetación exuberante! Worsley, ¡Prepare una ensalada!


Tras unos días de merecido descanso, Shakelton decidió realizar una travesía para llegar hasta las zonas balleneras, donde había asentamientos humanos.  Así que nada, tras pasar un año entero en brazos de una diosa Fortuna bastante cabreada que no los mató de milagro, como guinda del pastel, tuvieron que pegarse un pateo de treinta y seis horas a decenas de grados bajo cero, por terrenos escarpados, teniendo que subir desniveles de mil metros e, incluso, descender por una cascada helada, que, como todo el mundo sabe, es una actividad de lo más segura cuando llevas meses desnutrido y tienes los dedos de las manos congelados.  Eran tres. Supongo que tres de las personas más cabezotas de la historia de la humanidad.  Me imagino un diálogo entre ellos, en las horas más oscuras, cuando la ventisca les impidiera ver más allá de unos pocos pasos y la noche austral amenazara con tragarlos para siempre. 

-Señor Worsley- dijo Shakelton mientras pequeños cristales de hielo atravesaban la piel cercana a sus ojos, cortándola y quemándola al mismo tiempo- Parece que hoy hace mejor día.  ¡Es casi como una mañana de julio en Hyde Park!

-Cierto, señor.  Es más, el oso muerto por congelación que hay a dos metros a su derecha parece que esté de picnic, señor.  ¿Que dice usted McNish? ¿McNish? ¡McNish! Señor,  McNish está bastante rígido. 

-Tanto mejor, ¡Haremos un trineo con el escocés!

-Buena idea aunque, señor, eso de ahí es una cascada helada.

-¿Y qué Worsley?  ¿Nuestra patria está en guerra contra medio mundo y usted se queja de una cascada helada?

-No, señor. Sólo digo que hacer un trineo con McNish  quizá no sea del todo útil.

-Tonterías, bajaremos dando un rodeo. 

-Señor, serán tres días. 

-Pues entonces haremos crampones con sus uñas y descenderemos por la cascada. McNish siempre ha interpretado a su manera las reglas de la higiene. 

-Decía que le daba pena cortárselas, señor. 

-¿En serio, Worsley? ¿Pena?

-Si, señor, decía que eran uñas británicas. 

-Oh, mi querido amigo, he aquí un verdadero patriota- dijo pasándole una pequeña sierra y señalando los tobillos de McNish- Proceda. 


El veinte de mayo escucharon el silbato de una estación ballenera siendo el primer sonido hecho por el hombre que no fuera de su tripulación que oían en más de dos años.
Lo primero que hizo Shakelton cuando llegó a la base fue pedir que los compañeros de la barca fueran rescatados y ese mismo día los seis tripulantes estaban en lugar seguro. Pero había un rescate más apremiante todavía. Los marineros que habían quedado en isla Elefante, con los otros dos botes a modo de refugio. Todavía tardarían cuatro intentos en barco y otros tantos meses en rescatarlos. Allí pasarían el invierno polar veinte personas con sus rencillas y su ánimo devastado, a merced de las trampas de ese mundo brutal y de sus mentes, cada vez más frágiles.

Este es el único documental con imagen real decente que he encontrado.





¡Colabora!

domingo, 23 de agosto de 2015

CONSPIRACIÓN EN SANTA BÁRBARA CENTRAL

Hay una conspiración en marcha en Santa Bárbara Central. Me dí cuenta hace unos días. Voy a ir rescatando fragmentos de mi diario privado para ver si descubro alguna pista que me ayude a esclarecer los hechos.

16-08-2015

He conocido a Andrés Caycedo. Es un guitarrista excepcional al que le gustan algunas canciones mías. Hemos quedado en ensayar todos los días de diez a doce de la mañana, para no molestar al resto de inquilinos de esta extraña mansión victoriana.  Su novia se llama Lina y es un sol, amable y tranquila. 


Pero los demás...Hay unos cuantos y a cada cual más rarito. 


Está el francés, Antuan,  poco hablador, de pelo largo y ondulado, como un playboy setentero. Vive en una habitación exageradamente ordenada con jardín interior. Al pie de la cama ha hecho una estructura de cajas de cartón que cubre con una manta para que no veamos lo que hay debajo. Esfuerzo inútil, cada vez que paso por su puerta entreabierta me demoro más de lo necesario para echar un vistazo. No hay que fiarse de los franceses. Inventaron el perfume. ¿Que habrá dentro de esas cajas? No sé si quiero averiguarlo. 

El economista, colombiano, con voz de gigante al que le acaba de tocar el euromillón, joven, guapo y fuerte. Siempre yendo y viniendo con su bici. Es vecino nuestro, pared con pared, baño con baño, y podemos oírle muchas veces a las cinco de la mañana, cantando en la maldita ducha. Abre las puertas y entra en las diferentes estancias de la casa como si fuera un tornado epiléptico.

Está la venezolana, morena, cara regordeta, siempre viendo debates en la tele mal sintonizada de la cocina. Quizá se salva en cuanto a rarezas, se le ve más normalita. Aunque la casa le está cambiando y creo que pronto estará alineada con las oscuras fuerzas que la habitan. La otra vez la vi mirando de soslayo como hacía yo una tortilla, expectante, espiando a ver si recogía las migas. 

El mexicano. Este hombre va a conseguir que me de un infarto. Cada vez que me saluda una alegre y supervital energía de 80.000w de potencia sale de su garganta dejándome  desconcertado como a un gorrión al que le hubieran pitado una bocina del fútbol en el oído. Su voz es una fiesta de motosierras muy bien afinadas. Tiene una hija pequeña con mochila Disney incluída. ¿Que hay detrás de tanta demoledora energía vital? 

Luego está la pareja mayor colombiana, afables, simpáticos, conversadores y para nada molestos. ¿Qué estarán escondiendo? El hombre tiene una especie de brillante calvicie que no le impide que mechones independientes le nazcan a la altura de las orejas por toda la parte de atrás de la cabeza. Tiene un rostro que me recuerda a Anthony Hopkins. Mirada azul profunda... y un poco inquietante. El otro día me pidió un poco de leche y casi le doy la leche, un pollo, un helado Haagen Dazs y diez mil pesos que tenía en el bolsillo.

A su mujer la he visto en la cocina vistiendo un camisón blanco último modelo (en el XIX) y peinándose una larga melena castaña recogida en una gran coleta. Siempre sonriendo, siempre movíéndose despacio. Inquietante y tranquilizadora a partes iguales, creo que varía según el ángulo desde el que la mires. 

Está el hijo de la casera, calvo, regordete y con la actitud de los habitantes de la nave de Wall-e. Sólo le falta una silla voladora. Mamá tráeme esto, mamá tráeme lo otro. ¡Mamaaaaa! Tiene unos treinta años, afición por la electrónica a volúmenes dantescos y una novia con la que hace tan buena pareja como la mayonesa con la arena de playa. Es pequeña, rubia, guapa y habla como una ardilla hasta las orejas de speed: un poco raro. 

Y nuestra archienemiga. La casera. Una sombra siempre presente en cualquier rincón de la casa. Siempre está ahí, aunque se haya ido a trabajar.  Creo que tiene el don de la ubicuidad. Si salgo a la calle y me giro, siempre la veo detrás de una cortina que vuelve a su sitio en el último momento. A veces no me doy cuenta de que está en la mesa de la cocina hasta que vuelvo a cerrar la puerta de la nevera y la veo. Otras, oigo sus pasos en la tarima de madera del piso de arriba, haciéndola crujir, despacio, aquí y allá, como si en realidad no fuera a ninguna parte. Yo creo que echa papas y luego las pisa para ponerme de los nervios.


Estos son los inquilinos en la mansión Santa Bárbara Central. Ha habido una conspiración y un asesinato: mi guitarra. Ya no podemos ensayar más aquí y voy a averiguar quien ha sido. Quien se ha chivado a ese lugarteniente de Belcebú que es la casera en lugar de pedirme amablemente que dejara de dar por el saco con la guitarrita. 

Lo averiguaré. 

La investigación está en marcha.







jueves, 20 de agosto de 2015

EXPLORADORES MÍTICOS DE LA HISTORIA. SIR ERNEST SHAKELTON (Primera parte)

Ernest Shakelton no era bueno haciendo dinero. De hecho, intentó llevar a cabo numerosas empresas con ese objetivo sin lograrlo hasta el día de su muerte y dejó este mundo con grandes deudas. Sin embargo, su figura, rescatada del olvido durante el siglo XX, pronto se convirtió en objeto de culto y modelo de liderazgo. ¿Por qué? La culpa la tiene la Expedición Imperial Trasantártica.

Shakelton ya había realizado numerosos viajes al polo y fue el primer hombre en pisar el punto más meridional de la tierra y recorrer la gran meseta antártica.
Sin embargo, se quedó a ciento ochenta kilómetros de llegar al polo sur. Él y sus acompañantes tuvieron que volver aquejados de numerosas penurias, tales como el escorbuto, la ceguera de las nieves y la falta de comida.
A su vuelta fue recibido con honores y nombrado caballero, aunque para el nuevo Sir la empresa había constituido un éxito a medias. Aún así, le dijo a su mujer que prefería ser un "asno vivo que un león muerto". Lo cual es bastante inteligente. Bastante más que irse al polo sur con guantes y jersey de la abuela.
Juró no volver a pisar la antártida, sobre todo después de que Roald Admunsen conquistara el polo Sur y nadie tuviera noticias de la expedición de Scott, su compañero primero y , con el tiempo, su odiado rival, pero estaba en su naturaleza explorar y sufrir por ello e ideó un viaje consistente en cruzar a pie de punta a punta la antártida , en lo que Sir Ernest llamó "el último gran viaje antártico".
Fue, se mire como se mire, un viaje maldito. Multitud de desgracias sobrevinieron al evento desde el principio, como el abandono del cuidador de los sesenta y ocho perros el mismo día de la partida. Sin embargo, el más desgraciado de todos fue que su barco, el Endurance, se quedara atrapado por una gran placa de hielo en mitad del mar de Weddel. Por un defecto de construcción en el casco, en lugar de subir expulsado por la presión y quedar por encima, el hielo fue apretando la estructura poco a poco, hasta partirlo y, finalmente, hundirlo bajo las aguas.

"Es más que un poco de hielo, capitán"-le dije- "Nos va a atrapar hasta la primavera"-le dije
"¿Y sabes que me contestó"  "Deje de quejarse y sirva unos Whiskys."- me dijo.-"Sin hielo". 
"El muy cabrón"

Hasta este punto, todo constituye una historia de bravos y tenaces exploradores ingleses. A partir de este momento la narración es protagonizada por verdaderos héroes. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una época en que los materiales eran los que eran, no las filigranas tecnológicas que se pueden encontrar a precios asequibles en cualquier gran almacén deportivo.
Pues bien, cuando Shakelton vió que el Endurance se hundía irremisiblemente ordenó montar un campamento en el hielo con la esperanza de que la deriva les llevara a tierra firme llegando a estar a cien kilómetros de ella sin poder alcanzarla.  Resumiendo: estuvieron cinco meses vagando a la deriva, en una banquisa de hielo, soportando temperaturas de decenas de grados bajo cero en un campamento llamado Patience. Muy apropiado. Finalmente, tras todos esos meses, la placa de hielo empezó a quebrarse y Shakelton ordenó subir en dos botes salvavidas a todos los miembros de la expedición.  Tras cinco penosos días, los exhaustos exploradores llegaron a la isla Elefante, a más de 550 km de distancia del punto donde se había hundido el Endurance.  A partir de aquí empiezan los verdaderos problemas. 
                                        
                                 
                                                 Preciosa. Perfecta para un Marina D'or.

Esa isla está dejada de la mano de Dios y, lo que es muchísimo más importante si eres un náufrago, de las rutas marítimas. No hay alimentos ni agua, a no ser que te guste la sopa de agua de mar, basalto y pirita. Un viento atroz los sacudía veinticuatro horas al día.  Y, dios mío, sin internet. Es casi imposible imaginar el sufrimiento y la tristeza, unidos al miedo y al profundo aburrimiento que debieron reinar en aquel lugar.
Shakelton tuvo que tomar una muy difícil decisión. El veinticuatro de abril de mil novecientos dieciséis el aguerrido capitán decide emprender un viaje en mar abierto y semicongelado, en un bote de seis metros de eslora hacia las islas Georgia del Sur.



"Compra ropa impermeable-le dije- y botas altas de plástico.-le dije. "
"¿Y sabes que me contestó?"
"No se comercializárn hasta 1919, gilipollas"





martes, 18 de agosto de 2015

UN PUÑADO DE PÁJAROS CONTRA LA GRAN COSTUMBRE*.

¿Era una catedral? En cierto sentido. ¿Era un estadio de fútbol lleno de hinchas? No, pero casi. ¿Era uno de los lugares con más energía del planeta? Más que  Fukushima un día deTsunami.
Colombia concentrada en un recinto sagrado, un templo de la música en vivo. Si Bogotá ya es una mezcla de todo el país, de toda latino américa, imaginad un festival de rock, con más de setenta grupos, muchos de ellos patrios. Imaginad un ViñaRock mezclado con un Monsters Of Rock, un Sónar y un poco de Iboga.

GRATIS.


Era hermoso ver a rockers  siguiendo a emos, que iban detrás de rastafaris que no sabían en absoluto a dónde iban. Diversidad, divina palabra.
La música, en realidad, fue lo de menos los primeros dos días. Soy una persona abierta, me gusta escuchar casi todo tipo música siempre que vea feeling. La técnica no me importa demasiado. Pero lo que no me suele gustar es que me entren ganas de masacrar a la humanidad, demoler edificios y sacrificar peluches delante de  un grupo de niños en el Toys r' us. Y eso es lo que me pasa cuando escucho Black Metal mucho rato.  Me esforcé, lo juro. Bueno, para ser honestos, un licor (que un avispado publicista llamó Nectar) me ayudó un poco bastante**, el caso es que sí, vale, los bateristas son semidioses, y todos se dejan el alma, sobre todo los cantantes. Los guitarristas tienen que saber tocar para  que pudiera distinguir algo entre esa maraña de explosiones atómicas floreciendo en campos de concentración sumergidos en locura que eran algunos riffs , pero, chico, que quieres que te diga:

ME TALADRA.



Menos mal que fuimos luego a una rave de Drum and bass. Eso si que es variedad y matices.



¿Lo mejor del festival ese día? Nuestros nuevos amigos, Lina y Andrés, que es la pareja con la que compartimos CasaRaraHostalApartaEstudio. Son de puta madre. Gente buena. Se nota a la legua.


El segundo día fue un poco más de lo mismo. Estábamos cansados del primero y nos fuimos pronto a casa. ¿Atari tenage riot? Bien, mas variaditos, pero siempre el mismo sentimiento. La primera media hora flipando, luego me sorprendí con un bostezo del tamaño del arco-iris, solo que más monocromo.



Pero la tercera jornada... ¡Genial!  Fuimos más de día que de noche y puede fijarme en todo más. No bebí ni una gota y fui más de observador que participante. ¡Ah! El sol, que rico. El mejor día del festival, por los grupos y por el tiempo. Soleado como un día de Agosto a las dos de la tarde en  el parking del Alcampo.  Al principio bien.  Que guay, Carla, mira, ni una nube.  Un par de horas más tarde ya era en plan, Carla, déjame algo para la nuca que me está dando el solaco demasiado y se me va a fundir una vertebra, la C7, concretamente, y entonces qué.  Ya no puedo mover la cabeza coneste Reggae tan guapo de los Cafres. 
Afortunadamente el sol se acostó pronto tras las cabezas ondulantes de la gente que bailaba en la grada, como una bandera viva, hecha de girones de culturas.  Era una mezcla genética, de estrato social, de tribus urbanas y de formas de pensar, que me tenía hipnotizado.  La gente joven de Colombia, toda concentrada allí.  Me hubiera gustado tener vista de águila, que tienen zoom o, en su defecto, una cámara con teleobjetivo, pero tendría que haberme preocupado por ella.
Era la mar de entretenido fijarme en alguien en concreto, averiguar por qué (para mi) destacaba por algo y observarle sin ser visto. Daba igual quién, en realidad. Me gustaron mucho un tipo sin dientes con el pelo rizado y sombrero de vaquero que bailaba sin parar, una chica que no paraba de hacer fotos con el móvil, pero buenas. supongo, pues tardaba en escoger el motivo y se esforzaba por poner la cámara en un buen sitio. Me reí mucho con un chaval que llevaba una camisa de estética hindú, colorida hasta lo hortera como sólo una camisa así puede llegar a serlo, que todo el tiempo tenía los brazos medio extendidos en forma de antena de radar con las palmas hacia fuera, apoyadas en la frente,  ahí, captando la energía del concierto y, ya que estamos, de todo el  universo conocido. Qué grande. Claro, por su sonrisa parecía estar disfrutando del Samsara, pero cosa mala.
Fueron decenas los personajes destacables. Como el idiota que empezó a pegar a todo el mundo bailando y su colega,  que le reía las gracias por miedo, pero tenía tantas ganas de desaparecer que casi se teletransporta a Djibuti.
También me hubiera gustado volver a ver unos punkis absortos en la operación de recortar con tijeras (finas, especiales, muy profesional todo)  un montón de tripis.  A ver a cual de todos los ochomiles que hay en nuestro planeta se habían subido un par de horas después, pero les había perdido la pista.

Total: un disfrute absoluto de diversidad, diversión y buena música.

Los Che Sudaka se metieron a la gente en el bolsillo desde el primer momento y firmaron el mejor final que he visto yo en mucho tiempo, con la gente entregada, saltando, pogos por doquier y...vale, para...
¿Qué demonios es un pogo? Os preguntaréis algunos.
Pues es un agujero de caos y violencia semicontrolada en medio del público de un concierto, que suele apartarse formando un círculo,  dentro del cual un montón de gente decide mandar a tomar por culo cualquier indicio de racionalidad y se deja llevar por su parte visceral.  Mola mucho. ¿Por qué mola esa estupidez? Primero porque no son verdaderas agresiones, suelen apartar al que tienen delante y lanzar patadas al aire sin apuntar a nadie. De hecho, las agresiones están mal vistas y el que saca los codos, por ejemplo,  se suele llevar un galleto si le pillan. Por listo. Pero es común ayudar a levantarse inmediatamente al que se ha caído o incluso se puede parar un pogo completamente si hay alguien que va a ser pisoteado. Es ridículo y emocionante a la vez, exactamente igual que muchos rituales religiosos.
Aquí, en Bogotá, muchos pogos eran en círculos, por no decir todos, así que la gente era un río de  patadas y empujones, pero siempre en un sentido. Lo que le daba más todavía esa pátina de ritual, o de liturgia pagana.  Espiritual, estético y rufián a partes iguales.





No grabé ninguno de los más bestias, entretenido como estaba en mantener intacta nuestra integridad física.


¿Y que decir de Vetusta Morla? Pues que me cansan un poco ya. Tienen canciones que me encantan y además lo dan todo en concierto. Ayer, por ejemplo, tocaron delante de la audiencia más grande de toda su carrera y, a pesar de un inicio desconcertante en el que los obligaron a salir del escenario, volvieron a meterse a la gente en el bolsillo.  ¿Y entonces? Creo que sacrificaron muchas buenas canciones para presentar su nuevo trabajo, La Deriva, para mí el más flojo de los tres.  Aún así fue un concierto (Vetusta Morla en Bogotá) especial. Que se lo digan a la primera hectárea de gente que me rodeaba. Menudos bramidos que les regalé.



Por lo demás habría estado genial que le dedicaran una canción (Valiente) a Carla. Les había escrito a la discográfica (que es suya) pidiéndoselo, pero no me hicieron ni puto caso. Puede que yo sea un ingenuo, pero ellos son unos rancios. Hubiera sido una guinda cojonuda para un cumpleaños total. 


Llegamos a casa desechos, después de un fin de semana intenso en el que se han intercalado momentos de pura alegría con preparación de entrevista en inglés. Es en un call center, para vender cosas por teléfono en el idioma de Byron, con un sueldo de unos 300 euros al mes a jornada completa.

Y ya sólo la habitación nos cuesta eso.

Y esa es la otra realidad colombiana.


*El título de esta entrada hace referencia a una pintada que vió Luis Rosales hace mucho años en alguna ciudad y que trasladó a uno de sus libros. Se me quedó grabada hace años, por su sencilla y poderosa celebración de lo diverso, gracias a mi hermana Rosa y al poeta Jose Félix Escudero.

**"Un poco bastante" es una expresión que escrita queda horriblemente mal. ¿En qué quedamos? ¿Un poco o bastante? Pero sólo se dice en Valencia, mi ciudad, y, aún a riesgo de parecer un patriota del lenguaje, he decidido no corregirlo, como homenaje.

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