jueves, 6 de agosto de 2015

DROP COIN

¡Hola gente!

En vista que no consigo trabajo y que lo que más me gusta es escribir y viajar he pensado en poner un botoncito de Drop Coin al final de cada entrada ¿Qué es Drop Coin? Pues es una empresa que me ayuda a que vosotros, los lectores, podáis colaborar económicamente con el blog, en forma de pequeñas, muy pequeñas, aportaciones. Estas van de los diez céntimos a los dos euros. Como veis, no es mucho. Pero, por si alguna de aquellas, lo que leéis os ha parecido maravilloso y no sabéis como agradecérmelo... Pues oye, diez centimillos a vosotros no os supone nada y a mi, si tengo un tráfico importante, puede suponer la diferencia entre poder pagar el bus para ir al centro o irme a buscar curro a patuela. Lo habéis adivinado, la cosa está complicada.

Y recordad: no estáis haciendo donaciones. No estoy pidiendo limosna. Si colaboráis es porque creéis que lo que escribo tiene algún valor. Además, estaréis ayudando a que continúe escribiendo.


Venga va, no seas piña.

miércoles, 5 de agosto de 2015

UN DÍA CUTRE

He salido a buscar trabajo por hoteles y establecimientos de hostelería. Cada día es más difícil, más descorazonador. Lo más duro es ver como las sonrisas solícitas de quien me cree un cliente se transforman en caras de póquer en cuanto les digo que estoy buscando trabajo, que si es posible hablar con alguien de recursos humanos o dejar una hoja de vida. No son todos así, claro. Pero lo mayoría se me quedan mirando como si se hubiera presentado una disrupción de la realidad, en lugar de alguien que busca empleo. ¿Tan raro es ver a un español intentando trabajar? En fin. Mañana más, que no se diga que no lo he intentado. No me apetece mucho escribir.

Voy a intentar arreglar el blog que, a todo esto, no veáis la que he liado. Como podéis comprobar, todos los widgets que estaban a la derecha de las entradas se han mudado a la parte inferior de la página.  No sé como, pero la he liado parda. Pero que muy parda.
Voy a ver. (Problema solucionado después de cuatro horas de dejarse los ojos buscando un div mal cerrado. Gracias Chusi).



Pero antes de irme voy a hablar de Amarguras Joe.

Amarguras Joe es ese tipo de persona que, por algún motivo, tiene una vida de mierda y se empeña en propagar su desánimo a los demás. No hace falta que diga nada, ni que haga nada. Su expresión, su forma de moverse, lenta y desganada como si cargara con una losa de cientos de kilos, su forma de mirar, con invariable desdén, te chupa la energía de una forma inexplicable. No sé como pasa, en virtud de que ley fisico-espiritual es capaz de anular a alguien que tiene un día normal, pero pasa.  De hecho, si dos personas, una alegre y otra triste, se juntan, la triste va a ganar la batalla a la alegre en nueve de cada diez ocasiones. Es injusto, pero es así. La alegría rara vez puede con la tristeza.

Por lo menos no estoy triste. Estoy rabioso.

No sé que es peor. La verdad.


Ayúdame a continuar:

martes, 4 de agosto de 2015

LO QUE ME DIJO UN TAXISTA ACERCA DE LAS FARC Y EL PROCESO DE PAZ

Las Farc molaban al principio. Era un grupo que luchaba por la justicia social y por proteger al campesino. Luego se dieron cuenta de que el narcotráfico daba mucha pasta. Y claro, si tienes que elegir entre el Marxismo-Leninismo y montañas de dinero, la cosa suele decantarse por las montañas de dinero.
En Colombia las dos partes, las Farc y los grupos paramilitares que los combaten al margen de la ley, han hecho mucho dinero con el narcotráfico. Pero hubo un punto de inflexión. Los primeros se cargaron al padre de Uribe (que también tenía contactos con el narcotráfico, por decirlo suavemente) y, desde aquél momento, todo la historia de violencia de un país ha sido reducida a una simple historia de venganza personal. Uribe quiso acabar con los que mataron a su padre y dio alas a los paramilitares. Naturalmente, esta historia no es oficial, aunque, según contaba el taxista, es un secreto a voces.  ¿Que cómo se sabe? El presidente tapaba bocas con montañas de dinero, pero, llegado el momento y por presiones de Estados Unidos traicionó a los narcos y paramilitares (casi lo mismo)de su bando entregándolos al principal consumidor de cocaína del mundo: USA. A cambio, el país norteamericano metería pasta a saco en el ejército regular colombiano para poder combatir tanto al narco como a las Farc. El trato de Uribe con los paramilitares era dejarles conservar la pasta que tenían y pasar unas vacaciones en cárceles americanas. Tras unos pocos años de condena, todos volverían al país a disfrutar de un millonario retiro. Cual fue su sorpresa cuando vieron que sus condenas eran mucho mayores de lo prometido y, además, en cárceles de máxima seguridad. Poca broma. Estamos hablando de incomunicación, una hora al día de patio y cosas así. El resultado es que familiares de presos y demás han ido concediendo entrevistas. Todas desautorizadas oficialmente.

Y DEL PROCESO DE PAZ, ¿QUÉ?

Una mentira. Unos y otros lo utilizan para ganar (¿A que me suena esto?) votos. La paz nunca llegará mientras exista la pobreza y la desigualdad que hay en este país..

Nota: Todo la información vertida en este post es directamente sacada de la opinión personal de un taxista. Si queréis más información y, posiblemente, menos sesgada, aquí la tenéis.



lunes, 3 de agosto de 2015

EL SOL

No importa que no haya estaciones. No importa que se haga de noche a las seis de la tarde. No importa que la hora punta sea de seis a siete de la mañana. No importan los cambios de tiempo repentinos, ni la oscuridad en las calles.

                             Nada de eso importa porque el sol se lleva dentro.

                                   

VAYA, NO ES TAN OSCURA.

Resulta que no habíamos ido hacia el cerro desde nuestra casa. Siempre habíamos bajado. Parecía que hacia oriente ya estaba todo el pescado vendido. Lo que demuestra que hay que explorar en todas las direcciones, siempre.
Detrás de nuestra casa, subiendo por la 116, quedan los vestigios de un pueblo de arquitectura colonial  absorbido por Bogotá que es una delicia. Se llama Usaquén y en sus calles hay bares de  todo tipo y cientos de tenderetes de artesanía. También cientos de personas extienden mantas en el suelo para vender sus productos sobre ellas. ¿Que cómo lo descubrimos?

NUBIA Y SU FAMILIA.

Lo primero es lo primero: Antes de ayer hablé por facebook con un amigo que me dio el teléfono de una señora de Bogotá para que nos diera unos cuantos consejos acerca de la ciudad. Muchas gracias Fili. Es profesora de universidad. De química, si no me equivoco. Pues bien, quedamos ese mismo día, sábado. Ya por teléfono (llamé algo nervioso) me resulto una persona simpatiquísima. Voz enérgica y dulce, alegre. Quedamos en el Carulla, un supermercado que tiene parking y bares en su interior. Un inciso. En Bogotá no hay problemas de aparcamiento: está prohibido aparcar en toda la ciudad. Si tienes coche, tienes garaje. La ciudad, por otra parte, está llena de "parqueaderos" en los que hay que pagar. Como decía, yo fui con Carla  a la cita y ella acudió con su cuñada, cuyo normbre no recuerdo. Nubia es de mediana edad, alrededor de cuarenta, tiene el pelo rizado y se pasa la mayor parte del tiempo sonriendo. Su cuñada es un poco más mayor, o así me lo pareció y lo más característico de ella es su largo y liso pelo negro, al estilo Bailando con Lobos. También sonríe cada dos por tres, pero más con la mirada, enigmática y cálida a la vez. Usa bastón por una lesión en la pierna causada por un accidente cuya naturaleza desconozco.
El primer contacto fue cordial y sencillo. Hablamos de Fili y de como había sido nuestro primero contacto con la ciudad. Me sorprendió lo rápidamente que me dijo que haría todo lo posible por buscarme un curro.
Tan pronto hablábamos de la forma de hacerlo, como de las cosas que teníamos que ver en los alrededores de Bogotá y cuando era más conveniente hacerlo. La catedral de la sal, el tren de la sabana, El Corral tradicional, etc. Pero, increíblemente, a la media hora de conocernos ya nos estaba invitando a pasar un día en un terreno que tiene en plena naturaleza, a una hora de la ciudad. Lagos, cascadas, sendas para hacer trecking. Bien. Si querías ganarme, acabas de hacerlo. Nos dijo que iríamos toda la familia, pero que si queríamos ir Carla y yo sin nadie más, sólo tenía que pedirle las llaves. Increíble, ¿Verdad?
Después de eso fuimos a por sus hijas, que estaban en clases particulares de matemáticas. A las dos se les había atragantado los polinomios. No me extraña. Menuda puta mierda de bichos, los polinomios. Una de las cosas que más me hicieron sufrir en EGB fueron los jodidos polinomios. Su puta madre. Los paréntesis. El menos delante que lo cambia todo. Unos buenos quebraditos en medio. Y de regalo un corchete, no te jode. Eran como muñecas rusas, pero con números. Que asco.  Los odié con toda mi alma. Nunca me daban el puto resultado. Naturalmente, me solidaricé con ellas al instante.
La clase estaba en una calle llena de tenderetes de Usaquén, así que disfrutamos de lo lindo yendo a por las chavalas. Y qué chavalas.
 Siento no acordarme de los nombres, pero soy así, tengo un seguro antinombres. El caso es que, cuando salieron, fuimos a comer a una crepería que estaba enclavada en un antiguo caserón de estilo colonial. Al entrar nos cruzamos con dos guardias de seguridad armados, recortada sobre el pecho uno, y dedo en el gatillo de un pistolón reluciente, el otro.  La hija de Nubia es muy guapa y lanzada. En seguida se puso a hablar y a recomendarnos cosas y a decirnos como era esto y aquello, las particularidades del lenguaje, su viaje a Europa. Es  bonita, alegre, arrolladora. Tiene un abombado pelo rizado y una expresión inteligentísima, tanto en la voz, como en la mirada. Al cabo de un rato descubrimos que es una lectora voraz y que le fastidia que aquí no lleguen todos los libros que se publican en España. Tiene sus autores preferidos. Le encanta Laura Gallego, autora juvenil de literatura fantástica. Menos mal. Estaba empezando a sentirme acomplejado ante tal despliegue de cultura e inteligencia y ya temía que me hablara de Kant o Descartes. En serio, es asombrosa, no debe tener más de trece o catorce años. Su prima es mucho más tímida, apenas habló en toda la comida y es, también,  hermosísima. Tiene rasgos americanos y europeos a la vez, aunque no estoy seguro, el pelo largo, negro y liso como su madre y sus rasgos faciales son dulces y delicados. Su mirada huidiza serviría perfectamente para darle el papel protagonista en una peli de amor entre un Sioux y un oficial del ejército americano.
La comida fue fantástica. Hablamos del contraste entre las costumbres españolas y colombianas, de a quién le iba a entregar mi currículum (tiene contactos en Santillana, el hotel Sheraton y conoce a un Español que está en una empresa de cerámica con el que hemos quedado para comer la semana que viene) y llamó a una familiar suya que hace intercambio de inglés para que refuerce el mío. Después de comer nos enseñó Usaquén y llevó a Carla a comprar unas medias e ibuprofeno. La verdad es que fue increíble, tanto, que me sentí apabullado ante tanta amabilidad. Era pronto cuando nos separamos, pero nos fuimos a casa a descansar. Nos cansamos mucho en esta ciudad que está dejando de ser oscura, no sé si es la altura o los horarios, pero nos cansamos un huevo. ¿Por qué está dejando de ser oscura? Pues por dos motivos: porque hay barrios luminosos, tranquilos y limpios y por la gente que la habita: si todo el mundo es como esta familia, Bogotá puede ser la ciudad más acogedora del mundo.
Eso fue antes de ayer.
Ayer y aprovechando que los domingos son gratuitos, fuimos al museo del oro. Vaya tela. No me extraña
que nuestros antepasados se volvieran locos con el tema. Imagínate que llegas a un continente nuevo, más pelao de pasta que un sábado a las siete de la mañana y te encuentras que todo quisqui va medio en pelotas excepto por el oro. Que si pendientes de oro, que si coronas de oro, muñequeras,  nariceros, brazaletes, petos, más oro que en la reserva federal, colega. Menudas filigranas. Habían cosas del 2000 antes de Chusi que quitaban el hipo.

                                         
                                      Un collar exquisito de 2000 años de antigüedad.

                                   Recipiente con la forma de la estructura del universo. Toma ya.                          
             
Pero lo que más me llamó la atención fue unas figuras que representaban chamanes sentados en una posición muy parecida a la del loto, tan propia de las religiones orientales. Resulta que en el continente americano los chamanes también adoptaban posturas corporales concretas que incitaban al trance y la meditación, lo que demuestra, casi científicamente puesto que no creo que tuvieran móvil para hacer conferencias con el tíbet, que el cuerpo está unido al alma y que ciertas posturas te conectan con algo que va más allá de lo puramente físico.

                                                 


                                                   
                                                 


                                                              Chamanes meditando.
                                                       
                                       
                                             Carla firmando el libro de visitas.                    

Si vale, es algo que todo el mundo sabe, pero estamos hablando de hace miles de años.
Ese museo es algo extraordinario a nivel mundial y nosotros flipamos, pero para alguien experto en la materia o que se interese por la artesanía y la cultura indígenas tiene que ser extasiante. Después de unas horas dentro decidimos ir a seguir explorando La Candelaria. Es un barrio increíble.












                                                    Atención al fondo: la gran ciudad.



Gente esperando a sus familiares a la salida de los exámenes de acceso a la universidad. Si, nosotros tampoco lo entendimos mucho.


No comment.


Me he enamorado de ese barrio. Tanto, que esta tarde, a las cinco y media, tengo una audición para tocar en el Gato Gris, un garito en  el callejón de las brujas, en el centro del centro. Si la paso ya me darán fecha y hora para tocar en serio.
Nada más que contar, un día, el de ayer, fabuloso. Ah si, conseguimos coger un bus de esos privados cochambrosos a rebosar de gente y nos dejó prácticamente en la puerta de casa.

Y es que ya estamos empezando a domar esta ciudad.

Pd.. Bogotá está llena de labradores y goldens. No os lo podéis imaginar. Hay mucha seguridad privada que los llevan, policías que los llevan, vagabundos que los llevan y familias que los llevan.


Gracias, Fortuna, por recordarme a Baco cada vez que salgo de casa. Muy buena. Esta te la guardo.




























sábado, 1 de agosto de 2015

NUEVA SECCIÓN: LOS RETOS DEL PULGAS.

¡Que pasa peña! He tenido una idea para despersonalizar el blog y hacer que, quizá, quiera entrar gente que no me conoce. Se trata de retarme a mi mismo. ¿La frecuencia de los retos? Ni idea, es una idea incipiente, ya veremos como funciona. El caso es que voy a poner una encuesta con tres retos. La gente va a tener que votar el que quiera que haga. Todos los grabaré en vídeo y los colgaré para que haya constancia de mi éxito o fracaso. Que tengo éxito, genial, uniré a mi satisfacción personal vuestras risas. Que no lo tengo, tendré que meter una cantidad de dinero en una cerdito hucha. Al final del viaje donaré la pasta acumulada a una asociación que odie tipo Asociación nacional del rifle o Club de amigos de la Tauromaquia de Valladolidad. Gracias, Simón, por la idea de la donación. Es una forma de motivarme un tanto joputa, pero efectiva. A vuestra derecha tenéis los retos. Votad, malditos, votad.

La cosas se pone interesante.

ELOGIO DE LA EBRIEDAD

Anoche salimos a tomar algo. Carla, un mojito más cargado que la pistola de Búfalo Bill. Yo, dos pintas de una buena cerveza, de esas que se quedan en la boca un rato y dejan marca de espuma en el vaso a cada trago. La conversación giró al principio en torno al trabajo de Carla con los niños pero, poco a poco, conforme el alcohol iba haciendo efecto, fue girando hacia temas más, como decirlo, del corazón.

                                        

-Buah, -le digo-imagínate que apareciera Baco ahora, corriendo delante de los colegas. Imagina que aparecieran Quique, Clara, Pelayo, Vicente, Moi, Jordi, Paco, Laura, Silvia, Marina, Alberto... (Los nombro a casi todos, durante un buen rato, durante el cual Carla me mira sonriente).

-Me vuelvo loca. -me contesta-Me vuelvo loca, te lo digo.

Y ambos estallamos en una especie de carcajada controlada (estamos en una terraza atestada de gente) y vestida de nostalgia. Sólo llevamos una semana y pico aquí, pero es más que suficiente para echar de menos a la gente que quieres. Naturalmente, el sentimiento se ve reforzado por el hecho de que estamos en Bogotá, no conocemos a nadie y ya vamos tocados. Entonces pasan cosas. Me voy al baño y mientras meo, en el retrete cerrado, en soledad, aparece un pensamiento con una fuerza inusitadamente poderosa, más que nunca antes estando aquí. Habría que escribir un libro recopilando los pensamientos de la gente que se queda a solas, a salvo del ruido de los bares, en los retretes de los mismos, cuando está medio bolinga. Si es de cerveza y está avanzada la noche,  una meada puede dar para escribir Así habló Zaratustra.

Mi pensamiento fue una obviedad, pero a veces los árboles no te dejan ver el bosque y hasta que no te bebes dos pintas (aunque suene paradógico) no lo ves con claridad. Mi pensamiento fue: "Javi, estás en Bogotá,  ¿Pero como flipas?" Si, ya sé,  la emoción está aumentada por el alcohol. Y qué.

Eso es buenísimo. Tengo abiertas las puertas que acceden al templo de mi mismo.


Anoche el alcohol nos quitó algunas telarañas que teníamos cosidas en el alma, quizá inadvertidas hasta ese momento. No fue gran cosa, dos pintas y un mojito cargado, pero fue suficiente para hacernos sentir más ligeros de equipaje, para olvidar un poco los problemas propios del emigrante y para disfrutar de nosotros dos más libremente.  Todo eran risas, éramos más poderosos. Cada chorrada que decía hacía reír a Carla y viceversa. ¿Sablazo en el bar? Bueno, no importa.  Eso da para hablar de lo barato que es el Sergio's, de lo jodidamente buenos que son los mojitos en el London, esa calidad, decíamos, comparada con el mojito cutre (un cubata con yerbas) de Carla, es impagable.

Nos fuimos a cenar con los corazones planeando sobre Bogotá majestuosos e infantiles a la vez,  casi libres por completo. Cenamos formidablemente en un sitio en el que te dan guantes en lugar de cubiertos (imaginaros la clase de fritanga) para que no te manches de aceite. Un detalle: la cena, con su bebida incluida, costó tanto como el mojito de Carla.

Después de cenar nos sentíamos tan llenos (de alma y panza) que decidimos irnos a casa a ver una peli. Debía ser  muy tarde. ¿Que hora sería? Buah, tardísimo, las nueve menos cuarto.

Y nos fuimos a casa. E intentamos ver una peli. Y a los diez minutos ya estábamos más fritos que la cena que acabábamos de comer.

Pd. Os pongo unas cuantas fotos de ayer, que me dio por volver a un mercado que hay al lado de la universidad de Carla y documentar la visita.

Pd2. Hoy va a haber otra entrada explicando un proyecto muy loco para el blog, basado en retos. Tengo que rumiarlo un poco más, pero sospecho que unos cuantos se van a partir el culo.


                                                           Nuestra casa.
                                                          Nuestra habitación.

                                                            El mercado.
                                        Ambientazo en el bar del mercado.
                    Obra maestra  ejecutada a medias entre la naturaleza y el tendero.
                       Doscientos gramos de WHAT THE FUCK, por favor.


                                  Medio kilo de alcachofas petrificadas, gracias.
                                   Cuarto y mitad de vainas del espacio, si es tan amable.

                                                      Sigue así, calladito.



¿Y el coche por cuanto?